Hoy por hoy puedo decir que yo me rompí de muy pequeña, con 5 años la herida fue inmensa, y desde entonces otras muchas heridas se han ido sumando, otra notable a los 21 y tantas otras que seguirían.
Mi técnica para sobrevivir fue tapar y no oír para poder ir adelante. El proceso terapéutico que empecé a los 18 años y que he ido deteniendo y retomando en diferentes tongadas, me ha salvado la vida.
Me ha permitido mirar y notar lo que era casi innumerable por doloroso, lo que me dolía tanto y tanto miedo que hacía que literalmente el suelo desapareciera de debajo de mis pies y me sintiera cayendo por un tubo oscuro y sin fin.
Así, el proceso terapéutico que camino me permite vivir de forma más plena e integrada, consciente de lo que hubo y de lo que hay, que conjuntamente con la formación adquirida, pueda ayudarte en tu proceso.